Yo y mis otro yo concordamos hoy en algo.
El individuo asiduo de grandeza, es incapaz de ver su deterioro mental, ya que, sus ojos yacen por encima de lo más alto.
Me ha tocado socializar con ególatras a lo largo de mi vida, así que, hoy escribo para criticar a tales seres vivaces e ineptos, estos, que en sus líderes neuronas, la mayor parte de su buen juicio lo dedican a alabarse de hechos sin trascendencia.
El yo muy pronunciado suena sin cesar, “nací para superar a otros”, “el quiero-puedo”, frases entrecortadas de los que llevan la tutela.
Hoy supe algo terrible, yo que tanto los critico, yo que tanto los aborrecía, yo sabía que estaba mal ser así, yo controlaba esa situación. Y pregunto, ¿os habéis percatado que en este párrafo menciono con frecuencia el “yo”?
Si, así es, “yo” me rindo. ¡Soy un ególatra! no podía ser peor mi fortuna. Terminé siendo parte del enemigo.
Al buscar el buen sendero de los individuos comunes, hasta “yo” caí en el síndrome “yoyero”.
Os pido disculpas ya que, perdón solo a Dios, a vosotros amigos míos, pequé de insulso.
No hay remedio para mi mal, pero estoy dispuesto a pasar por el proceso de desintoxicación del gran coloso que me atormenta.
El grande e imbatible, el superior incluso de él mismo, el que se traiciona por inescrutable de su propia igualdad a otros.
Mi peor enemigo, al que no reparaba en atingir con tal de ser “yo” el que tenga siempre la razón.
Ego, ¡maldito ego! Hasta tuve que nombrarte con mayúscula al principio de este párrafo.
Aléjate de mí, por que he aceptado por madre sustituta a la soberana HUMILDAD, que esa si es grande, y está más alta, más allá, de lo que nunca podrás estar tú.
- Manuel Djesús